Necesidad de oración y conversión

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Necesidad de oración y conversión

Como humanidad siempre hemos tenido la necesidad de orar y convertirnos, así como de recibir misericordia y protección divina. Sin embargo, hoy esa necesidad es mucho mayor, se hace urgente ante tantos desastres naturales que nos han golpeado duramente y la misma maldad del ser humano (elevada a su máxima potencia) que tanto daño ha causado al prójimo y al planeta.

La  Palabra de Dios nos conmina a mantenernos en oración en todo momento, en todo lugar (Lc 18, 1-8) y a convertirnos sin dilación porque el Reino de los cielos está cerca (Mt. 4, 17). En consecuencia, no tenemos que esperar que algo ande mal para orar y entregar nuestras vidas al Señor.

Mientras mi corazón se desgarraba al ver fotos y videos del terremoto que azotó a México recordé los versículos 2, 3 y 4 del Salmo 46, los cuales rezan de la siguiente manera:

“Dios es nuestro refugio y fortaleza, socorro siempre a mano en momentos de angustia. Por eso, si hay temblor no temeremos, o si al fondo del mar caen los montes; aunque sus aguas rujan y se encrespen y los montes a su ímpetu retiemblen: el Señor Sabaot está con nosotros, es nuestro baluarte el Dios de Jacob.”

Ese pasaje bíblico colmó de paz todo mi ser y me reafirmó que Dios está con nosotros y es Todopoderoso. Ahora bien, para que de Él salga poder es necesario que en nosotros se de la combinación de cuatro elementos: humildad, oración, obediencia y conversión. Dice su Palabra en 2da. de Cr 7,14 que:

“Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra.”

Necesidad de oración y conversión

Evidentemente Dios quiere oír, perdonar y sanar, pero de la única forma en que esto puede suceder es llevando a la práctica los cuatro elementos a los cuales me referí anteriormente, es decir:

  • Si asumimos de todo corazón una actitud humilde delante de Dios, reconociendo nuestra pequeñez e insuficiencia.
  • Si oramos sin cesar.
  • Si obedecemos sus preceptos y su voluntad por amor a Él.
  • Si sufrimos una real y profunda conversión, es decir, si mostramos un cambio de vida centrada en Jesucristo, fruto de un encuentro personal con Él.

La invitación que quiero hacerles en este momento es a ver más allá de todo lo que está sucediendo, más allá de las catástrofes, de las pérdidas, del dolor… DIOS NOS ESTÁ HABLANDO en una clara demostración de su inmenso amor por cada uno de nosotros. Todo lo que está aconteciendo son oportunidades que Él nos está brindando para que nuestros corazones sufran una REAL conversión y empecemos a vivir una vida con propósitos que repercutirá más allá de esta vida terrenal.

La Biblia recoge todo lo que estamos viviendo y nos advierte que estos son los últimos tiempos (leer Mt 24). No lo digo para crear alarma, ni pánico, sino para crear conciencia de que necesitamos de Dios, dar testimonio de Él, predicar el Evangelio a tiempo y a destiempo, amar, ayudar, perdonar… 

¡Ánimo! Aún estamos a tiempo para volver nuestro rostro al Padre Eterno, para ser escuchados y perdonados por Él, para que sane nuestra tierra. Sus brazos abiertos nos esperan; tomemos la firme decisión de imitar a Cristo y de vivir para Él.

 

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